Fernando VII

FERNANDO VII

Fernado VII
Escudo de Armas de Fernando VII

Del archivo de esta Real Corporación:

…La inocencia y las virtudes de nuestro Augusto Monarca el Señor D. FERNANDO VII. le hicieron amable desde sus primeros años á la Nacion española, que fundaba en su reynado las mas lisongeras esperanzas. La opresion y las persecuciones que le hizo sufrir el ambicioso Favorito, atizaron la amorosa llama que ardia en el corazon de todos los buenos, la qual no pudiendo ser represada por mas tiempo, se manifestó en Aranjuez el memorable dia 19. de Marzo de 1808. El primer ímpetu bastó para derrocar al monstruo, arrebatar de entre sus manos la inocente víctima. que intentaba sacrificar al ídolo de la ambicion, y colocar en el trono de Pelayo al qué la Nacion había reconocido y jurado por su legítimo heredero. La Prudencia, la Sabiduría y la Justicia se vieron sentadas en el trono los breves momentos que FERNANDO exerció la autoridad Real y los Españoles todos enagenados de placer y de regocijo saludaron la aurora, de felicidad que amaneció sobre la Monarquía. Así fue como pocos dias bastaron para acrecentar y arraygar de una manera prodigiosa en el corazon de los Españoles el amor á su deseado Monarca, el qual se exaltó de todo punto cuando él Tirano, de la Europa, ofreciéndole los sagrados, lazos de la santa amistad, le oprimió con las pesadas cadenas de la esclavitud. Entonces una misma fue la voz que resonó desde el Pirineo hasta las columnas de Hércules. El nombre de FERNANDO VII. que la lealtad puso á lá una, como por instinto, en la boca de diez millónes, de almas, fue la declaracion de. la guerra mas sangrienta y mas gloriosa que han visto las edades. El amor á FERNANDO fue el lazo que unió á los Españoles, el escudo que rechazó los funestos tiros de la anarquía: á su abrigo nació la constancia, la inimitable constancia que ha libertado y ensalzado nuestra heroyca Nacion, y abatido las águilas hasta entonces orgullosas, y formidables. Este amor dictó el juramento de vengar á la España atrozmente ultrajada en la sagrada persona de su Monarca y él, en fin, ha procreado los Héroes, que en número casi infinito nos ilustran en esta era, y producido los laureles que les sirven de adorno.

Era pues preciso, que llegado el dia tan deseado de la libertad y feliz arribo de nuestro amado Monarca, se abandonase la Nacion entera como en efecto lo vemos verificado, á los transportes del júbilo mas extraordinario; en el qual toma una parte no pequeña el Real Cuerpo de Maestranza de la Ciudad de Valencia,. así como se gloría de contarse entre los que mas le aman. Por . esta razón desde que se anunció el tránsito de S.M. y AA. por esta Capital resolvió tributarles quantós homenages y obsequios estuviesen al alcance de sus, facultades, que nunca podrian dexar de ser muy inferiores al afecto que sus individuos abrigan en el corazon. A consecuencia en el dia 16. de Abril dia glorioso para Valencia por haber logrado la ventura de que entráse en su recinto el mas amado de los Monarcas, montaron á caballo los Caballeros Maestrantes que pudieron proporcionarse esta ventaja, y formados en cuerpo, llevando segun costumbre él,Real Estandarte que le distingue, salieron, á los Arrabáles, punto que les había señalado en la formacion el Señor Comandante General de la. Plaza. Allí acompañaron las aclamaciones del inmenso, pueblo que salía en tropas á encontrar en el camino al Rey tan deseado y felicitarle por su libertad y arribo con las tiernas, sinceras y fervientes expresiones que les inspiraba su afecto. Experimentaron las más dulces emociones al mirar las gentes del campo. y de la Ciudad, del Clero y del Pueblo, correr á porfía para entrar con sus brazos la carroza de S. M. y AA. á la que en la exaltacion de su júbilo quitaron los tiros sin que hubiese precedido acuerdo ó prevencion alguna. Allí en fin leyeron los sentimientos de ternura y de gratitud, escritos en los rostros y en las expresiones del Rey amable, y de su augusto Hermano y de su bondadoso Tio. Quando hubieron pasado las Reales Personas desfiló el Cuerpo de Maestranza, cubriendo la retaguardia de la tropa que se hallaba en formacion, y mereció recibir de S. M. y AA. al pasar por debaxo de los balcones de la casa Palacio donde residían, las expresiones de afecto con que corresponden á los obsequios que se les rinden á todas horas.

Despues de esto, restituido el Real Estandarte á las casas del Señor Teniente de S.A.R. se presentó una Diputacion á suplicar á S.M. concediese á los Maestrantes el honor de besar su Real mano y las de SS.AA.SS. y en el momento sin detencion alguna se les señaló aquella misma noche para este efecto. No tardaron los Maestrantes en presentarse, á disfrutar la dicha que tanto tiempo ansiaban, y luego que estuvieron en la presencia de S.M. antes que el Teniente de Hermano Mayor hubiese podido indicar los sentimientos que animan á este Real Cuerpo, se anticipó S.M, pronunciando estas satisfactorias palabras: Sois pocos; ya sé. que hay algunos prisioneros; se han portado bien los Maestrantes. Despues de haber recibido este testimonio de distinguido aprecio, que mirará siempre la Maestranza como recompensa de los servicios que tiene hechos, tomando la palabra el Teniente de Hermano Mayor, dixo: “Señor: El Real Cuerpo de Maestranza de Valencia, en este feliz momento ve ya cumplidos sus ansiosos deseos de tener á V.M. entre nosotros, y de ofrecerle los respetos debidos á las virtudes y á la alta dignidad de V.M. esperanzando podrá algun dia recordar sus servicios, y ahora á los R.P. de V.M. le besa su mano.” A lo que se siguió el besamanos, y concluido se retiró la Maestranza.

Hubieran deseado los individuos de este Real Cuerpo obsequiar á S.M. con los juegos de cañas y escaramuzas propias de su instituto, pero el corto número de individuos que podian reunirse, y la escasez de caballos, al paso que cubre de honor á los Maestrantes, les hizo de todo punto imposible el verificarlo. Resolvieron pues ofrecer á S.M. una noche de júbilo en las casas de uno de los individuos del Cuerpo, la que se preparó para este efecto, sino con la magnificencia y grandiosidad que deseaban los Maestrantes, á lo menos con la decencia y decoro que les han permitido sus facultades despues de unos tiempos tan calamitosos, obsequio que S.M. por un exceso de su bondad se dignó aceptar, y señaló para concurrir á ella la noche del 18.

Reunidos estaban la Nobleza, Cabildo, Autoridades civiles y militares, Diputacion provincial, Ayuntamiento, Señoras, y demás que suelen convidarse en funciones reales, que formaban un numeroso y lucidísimo concurso. Los Maestrantes aguardaban en la primera entrada para recibir á S.M., quando las aclamaciones que le acompañan por do quiera anunciaron su próxima llegada. La guardia apenas podía contener el inmenso gentío que se agolpaba, atraido de las bondades que S.M. dispensa á quantos se le acercan. Alegres vivas, y el armonioso concierto de las orquestas distribuidas en diferentes puntos de la casa, llenaron el ayre de sonidos placenteros, análogos á los sentimientos de los corazones, y proporcionados para aumentar la emocion de alegría que brillaba en los semblantes de todos. Dirigióse S.M. á la galería preparada para el bayle, donde se renovaron, ó por mejor decir, continuaron las nunca interrumpidas aclamaciones. Besaron la mano á S.M. y AA. las Señoras que aun no habian logrado esta honra, y la amabilidad del Monarca las dio ocasion para que le informasen de palabra acerca de algunas particularidades de sus respectivas familias, por las que manifestó, interesarse. Sentóse luego en el magnífico solio, que puesto al frente de la galería, la dominaba toda y parte del jardín. Cerca de S.M. se colocaron SS. AA. SS. el Señor Infante D. Carlos, y el Señor Infante D. Antonio, quien como Hermano Mayor del Real Cuerpo de Maestranza, le hizo aquella noche la honra de vestir su uniforme, el Embaxador de S.M.B. y Grandes de la comitiva. A insinuacion de S.M. se bayló una contradanza, y concluida salió á mirar la iluminacion del jardin.

En la composicion de la galería, cubierta toda de raso blanco, cabos de color de oro, y adornos dé plata, competian la sencillez, buen gusto y riqueza; pero la excedía sobremanera el solio, aunque adornado por el mismo estilo. Una porcion crecida de lumbreras y arañas de gusto el mas delicado, proporcionaban una brillante y hermosísima iluminacion, lo qual junto con la magnificencia que se ostentaba en los vestidos de los concurrentes; y sobre todo con las placenteras sensaciones que brillaban en los semblantes de todos, ofreció un espectáculo encantador. A la derecha del solio estaban preparados quartos de descanso para S.M. cubiertos de damasco carmesí, con bufete, cama de respeto, y quanto pudiera ofrecerse.

Pero lo que mereció muy particulares elogios de S.M. y AA. fue el jardin, el qual aunque pequeño, por su bella disposicion es sumamente proporcionado para hermosearlo con iluminacion y diferentes decoraciones. Mas de quince mil luces, la mayor parte en vasos colocadas en aquel corto recinto, hacian que no se echasen de menos los rayos del sol, para admirar los adornos que por todas partes se descubrian, entre los quales no era el menor el orden en que estaban distribuidas las luces. Siguiendo unas los dibuxos de los quadros, los hermoseaban sobremanera; otras levantándose con los arrayanes, formaban vistosos arcos y pirámides; una multitud de ellas se descubría por entre las verdes hojas de los naranjos, colocados simétricamente, y cortados en diferentes figuras; otras en fin por entre los árboles que cubren la cerca.

Al frente de la galería se miraba un hermoso montecito hecho á lo natural que figurando al Parnaso, tenia en su vértice un bien formado caballo, imitado á mármol, en actitud de volar. Descubríase tambien sobre el monte una fábrica semicircular, que representaba el templo de la inmortalidad, en el qual se leía esta inscripcion.

A FERNANDO EL SEPTIMO, REY DE LAS ESPAÑAS:

LA REAL MAESTRANZA.

En el centro del jardin habia una estatua de la fama, en actitud de publicar las glorias de nuestro amado Monarca, y el heroismo de la Nacion española. Por la trompa que tenia aplicada á la boca, salió un surtidor de agua que se elevaba á una grande altura. Habia asimismo otras muchas fuentes, á imitacion de las que adornan el Real Sitio de la Granja, en cuyas cristalinas aguas, á beneficio de la iluminacion, se pintaban los variados colores del iris, y aumentaban sobremanera la hermosura de aquella escena. Las mas copiosas eran las que saliendo por las bocas dedos leones, figuras de la madre España, representaban los copiosos raudales de bienes que se derramarán sobre su heroyco suelo, y el de las Naciones que se le han unido en fraternal alianza. Sobre sencillos pedestales se miraban, en fin, ocho estatuas corpóreas imitadas á mármol que representaban las quatro estaciones y las quatro partes del globo, á donde se extiende nuestra Monarquía, y el amor á nuestro virtuoso Monarca.

Una magnífica escalera, dividida en dos ramos, ponia en comunicacion la galería con el jardin. Su adorno, á mas de la iluminacion, consistia en muchas macetas, ordenadas con gusto y simetría; y en ocho estatuas tambien corpóreas, e imitadas á mármol que representaban á Hércüles, la lealtad, la guerra, la abundancia, Apolo, la fama, la paz  y la -Soberbia. En los primeros rellanos de entrambos ramos habia dos puertas colaterales, y sobre la de la derecha se leía en transparente:

AL DIGNO HERMANO DEL MAS DESEADO

DE LOS REYES: LOS MAESTRANTES.

 Y sobre la de la izquierda:

A SU SERENISIMO HERMANO MAYOR:

EL REAL CUERPO DE LA MAESTRANZA.

Al asomar S.M. al jardin principiaron los fuegos artificiales, que colocados sobre el monte enfrente de la galeria, presentaron una, hermosísima decoración en ocho arcos, y otras tantas pirámides de diferentes colores. Los adornos variaban de continuo, despedian sin estrépito; una inmensidad, de luces, á cada momento se descubrían nuevos juegos, figuras nuevas que burlaban el ansia de los ojos para atender á todo. En tanto sobre el friso de la decoracion estuvo permanentemente en letras de fuego esta inscripcion:

EN INCENDIOS DE AMOR, LOS MAESTRANTES SE ABRASAN POR SU REY Y LOS INFANTES.

En esta ocasion S.M. bondadoso, como siempre, se dignó manifestar le era sumamente grato el obsequio que le ofrecia la Maestranza, y con sus expresiones colmó de satisfacción y júbilo á los individuos de este Real Cuerpo, que tanto aprecian el afecto de su Monarca.

Desde allí se dirigió S.M. al quarto donde se le habia dispuesto la mesa, el qual estaba adornado é iluminado con sencilléz y elegancia, como tambien los otros tres que daban paso á este desde la galería. Sentóse S.M. á la mesa entre sus augustos Hermano y Tio, y despues, de haber elogiado la bella disposicion diciendo os habeis lucido, tuvo la bondad de probar de, algunos de los platos que se le habian, preparado, principalmente de las producciones del pais que se habían reunido en el mayor número posible. Los Maestrantes tuvieron la honra de servir á S.M. y AA. SS. Regresaron despues á la galería, y continuó el bayle, que S.M. se dignó honrar con su presencia hasta las doce de la noche hora, en que se retiraron S.M. y AA. á su casa Palacio, entre los vivas y aclamaciones del Pueblo, qué á pesar de estar tan adelantada la noche, le aguardaba con la ansia de volver á gozar de su amable presencia, y ofrecerle el sencillo pero grato obsequio de acompañarle con hachas encendidas hasta su casa.

Prosiguió después el bayle y regocijo lo restante de la noche, durante la qual se sirvió á los concurrentes, en dos quartos preparados al intento quanto se halla descubierto en repostería y helados. Y á las siete de la mañana terminó la funcion dando un espléndido almuerzo á los que quedaban.

Tales son los obsequios que el Real Cuerpo de Maestranza ha consagrado á S.M. y. AA.:SS. en el tránsito por ésta Capital, los quales aunque hijo del mas puro y sincero afecto, nunca deben tomarse como medida que determine su extension. Otras pruebas mas convincentes tienen dadas los individuos de este Real Cuerpo del amor que profesan á su Monarca y á la heroyca Nacion á la que se glorían pertenecer. Tales, son los servicios que hicieron los Maestrantes para conservar el orden público en los momentos de la mayor exáltacion y efervescencia; los quantiosos donativos con que cubrieron las necesidades de la Patria en las circunstancias, mas apuradas; la intrepidéz con que corrieron á los gloriosos campos de San Onofre los que se hallaron en estado de hacer esté servicio ; el haber desempeñado un individuo de este Real Cuerpo el tan honroso como arriesgado encargo de ser para con Móncey el intérprete de la voluntad del Pueblo en el memorable dia 28. de Junio de 1808; el haber levantado el Esquadron que convertido después en Regimiento, conserva el nombre de éste Real Cuerpo, y la generosa resolucion de muchos de sus individuos, que no se desdeñaron alistarse en él en clase de soldados sin pretender ni aun admitir los grados militares que en aquella época se prodigaban estimulando con su exemplo al servicio de las armas á la moderacion y á la disciplina; el ardor con que el Señor Teniente acompañado de una diputacion de la Maestranza, se ofreció en Madrid, donde los habia llevado la obediencia, en el horroroso dia 2. de Mayo, á sacrificarse por libertar la persona del Serenísimo Señor Infante D. Antonio que era el único que quedaba en España de toda la Real Familia. Mas sobre todo ¿quién podrá recordar sin conmoverse la heroicidad de las víctimas que este Real Cuerpo ha ofrecido á la Patria en la presente guerra, las quales corrieron voluntarias desde el regazo de la paz y de la abundancia que disfrutaban en el seno de sus familias, al sangriento campo del honor, donde sacrificaron gustosos su libertad y sus vidas por salvar á la Nacion, y vengar las injurias hechas á su Rey amado? Los que baxo del Estandarte de la Maestranza regaron con su sangre los campos de Mergalef y Tudela (D. Nicolás Castellví, muerto en la batalla de Mergalef: .D. Antonio Adell, en la de Tudela; y de sus resultas D. Miguel Castellví, que habia sido hecho prisionero.) los que sostuvieron el honor del Esquadron á costa de su libertad; y tantos otros que militando en diferentes Cuerpos y Exércitos han defendido con valor y constancia la justa causa de la Nacion española, manifiestan que el amor de la Patria y del Monarca está muy arraygado en el corazon de los individuos de este Real Cuerpo. Mas quando otros le faltaran, uno, uno solo, el Héroe del Norte (El Excmo. Señor D. Pedro Caro, Marqués de la Romana.), que ha merecido la admiracion de la Europa, y aun de sus mismos enemigos, y la gratitud de todos los buenos Españoles, bastaria para ilustrar la Maestranza de Valencia, de la qual era individuo. Estos servicios son la piedra de toque, que manifiestan de alguna manera los quilates del amor que los Maestrantes profesan á nuestro deseado Monarca el Señor D. FERNANDO VII, á quien consagran respetuosamente sus obsequios y su corazon.

Valencia 25 de Abril de 1814.

De acuerdo de la Real Maestranza:

El Baron de Frignestani,

Secretario (transcritas según  texto original).

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